Cloud para empresas

En muchas pymes, el correo, los archivos compartidos y algunos sistemas todavía dependen de equipos que están físicamente en la oficina. Eso significa que una falla del servidor, un corte de energía o un problema de conectividad puede afectar el acceso a información necesaria para trabajar. El cloud para empresas permite trasladar a la nube esos servicios, o únicamente los que resulte conveniente mover, para reducir esa dependencia y facilitar el acceso desde distintas ubicaciones.

La decisión no consiste en llevar todo a la nube. Primero hay que revisar qué funciona hoy, qué necesita cada sistema y qué combinación tiene sentido para la empresa.

Correo y archivos disponibles desde cualquier lugar

Cuando el correo está almacenado únicamente en una computadora, una falla del equipo puede poner en riesgo mensajes y archivos asociados a esa configuración.

En una migración, las direcciones pueden conservar el dominio de la empresa y se define qué información histórica conviene trasladar. También debe decidirse qué ocurre con las cuentas de personas que ya no forman parte de la organización, ya que algunos servicios mantienen un costo por cada usuario o casilla activa.

Los archivos compartidos pueden organizarse por áreas, con permisos específicos para cada persona. Administración, ventas o dirección pueden trabajar sobre espacios diferentes y determinados documentos, como información salarial, quedar disponibles únicamente para quienes los necesitan.

La misma estructura puede consultarse desde fuera de la oficina, con los accesos y medidas de seguridad correspondientes.

La papelera de un servicio en la nube tampoco reemplaza una estrategia de respaldo. Los proveedores conservan los archivos eliminados durante períodos determinados, por lo que la información crítica puede requerir además un backup independiente. Una copia se considera útil cuando también se ha comprobado que puede restaurarse.

La conexión a internet pasa a ser parte de la operación

Al trasladar servicios a la nube, la conectividad adquiere mayor importancia.

Si la oficina pierde internet, los equipos que están allí pueden quedar temporalmente sin acceso a los servicios remotos. Una segunda conexión puede reducir ese riesgo cuando la continuidad justifica contar con un enlace alternativo.

Quienes trabajan desde otras ubicaciones no dependen de que la oficina permanezca encendida para acceder al correo o a los archivos alojados en la nube.

Los grandes proveedores suelen establecer compromisos contractuales de disponibilidad. Un 99,9 %, por ejemplo, admite aproximadamente 43 minutos de indisponibilidad mensual. Las compensaciones y condiciones ante incumplimientos dependen de cada servicio y deben revisarse antes de contratarlo.

¿El sistema de gestión también debe ir a la nube?

No necesariamente.

La ubicación adecuada depende de cómo fue desarrollado el sistema, su licencia, los dispositivos con los que necesita comunicarse y la infraestructura existente.

Si el servidor actual todavía es adecuado o el sistema requiere equipos conectados físicamente en la empresa, puede permanecer allí mientras se traslada a la nube únicamente su copia de seguridad.

Cuando la licencia y la arquitectura lo permiten, otra alternativa es alojarlo en un servidor remoto y permitir que cada usuario acceda con sus propias credenciales. Algunos fabricantes ofrecen además versiones web de sus sistemas con condiciones y costos diferentes.

Por eso, una migración a la nube puede abarcar toda la infraestructura o solamente determinados servicios.

Qué revisamos antes de una migración

Antes de mover información, relevamos qué funciones cumple actualmente cada servidor y qué programas dependen de él.

Algunas tareas son evidentes, como almacenar archivos o ejecutar el sistema de gestión. Otras pueden pasar desapercibidas: servicios que envían correos, tareas programadas, integraciones, impresoras o aplicaciones que dependen de una configuración concreta.

También comprobamos que las copias actuales puedan restaurarse. Migrar información sin verificar primero una vía de recuperación agrega un riesgo innecesario al cambio.

Cuando existen datos sensibles o sujetos a obligaciones particulares, también debe revisarse dónde se almacenarán y qué requisitos legales o contractuales aplican. Si ni siquiera existe claridad sobre qué información hay en cada equipo, quién administra los servicios o qué accesos siguen vigentes, puede ser conveniente comenzar con una auditoría informática.

Costos, tiempos y dependencias

La nube reemplaza algunos costos de infraestructura por gastos recurrentes. Correo, almacenamiento, servidores y otros servicios pueden cobrarse por usuario, capacidad o consumo, y muchos proveedores establecen sus precios en dólares.

La propuesta diferencia el costo de la migración de esos abonos mensuales y detalla también los servicios de terceros involucrados.

El tiempo necesario depende, entre otras cosas, del volumen de información y de la velocidad disponible para subirla. Transferir cientos de gigabytes puede llevar varios días aun cuando el trabajo se realice sin interrumpir la operación habitual.

También existen dependencias externas. Recuperar un dominio registrado a nombre de otra persona, obtener permisos de un proveedor o habilitar determinados accesos puede extender los plazos aunque la migración técnica esté preparada.

El cambio se hace por etapas

La mayor parte de la información puede copiarse previamente mientras la empresa continúa trabajando. Cerca de la fecha de cambio se sincronizan los últimos archivos y se activan los nuevos servicios.

Ese momento se acuerda evitando, cuando sea posible, cierres de mes u otros períodos sensibles.

Después de la migración se configuran usuarios, accesos y mecanismos de autenticación adicional. La documentación registra dónde quedó cada servicio, qué permisos existen, cómo recuperar una cuenta y cuándo se renuevan los distintos abonos.

El servidor anterior puede conservarse temporalmente para consultas hasta comprobar que toda la información necesaria se encuentra en el nuevo entorno.

La cantidad de usuarios, el volumen de archivos y los programas que hoy dependen del servidor permiten definir qué conviene mantener, qué trasladar y en qué orden hacerlo. Esa evaluación evita convertir una migración a la nube en un cambio mayor del que la empresa realmente necesita.